Abuso Sexual a 6 hermanos por Sacerdote Donald Broderson
Wednesday, January 11, 2012 at 08:23AM San Francisco, EE.UU. El sacerdote, Donald Broderson, obligado a retirarse en 1993 por acusaciones de abuso y fallecido en 2010, ha dado motivo a un nuevo caso que podría exponer a la diócesis del estado de California a otra secuela de demandas por abuso sexual. El hecho fue presentado ante la Corte Suprema de California. Se trata de seis hermanos entre los 40 y 59 años que solo recientemente han relacionado su estado depresivo y problemas psicológicos con lo que les sucedió en la niñez.
Agredidos sexualmente en la década de 1970 no vincularon su depresión contínua a lo que vivieron sino hasta 2006. Aunque en la mayoría de casos las limitaciones jurídicas de tiempo impiden a los demandantes hacer uso de la ley por haber prescrito el delito, la Legislatura de California amplió los plazos de dichas demandas. Para casos de abuso infantil acaecidos hace 25 años podrán ser presentadas las demandas correspondientes para que las víctimas puedan perseguir judicialmente sus reclamos.
Para el caso en cuestión de los seis hermanos, los abogados defensores sostuvieron que ninguna limitación les afecta por cuanto una serie de enmiendas fueron adoptadas durante la década de 1990 que dieron a las víctimas tres años a partir del momento en que se percataron de que su estado psicológico se relacionaba con los abusos sufridos en la niñez.
Una corte decidió revertir en 2009 la decisión de un juez de rechazar la demanda con fundamento en el estatuto de limitaciones. Caso aparte de las formalidades legales el hecho amerita la atención del comentario. Significativo el asunto, como muchos otros, que el causante ya esté muerto pero la secuela de su crimen alborota las Cortes Judiciales, abulta los legajos procesales y pone en vilo la parte defensiva para hacer valer los derechos de sus defendidos.
Y lo más importante, los afectados, las víctimas, en justo anhelo de que les sea reconocida la afrenta y otorgada en ley la aprobación a sus demandas y la debida recompensa por los vejámenes sufridos. Se ve que en estos crímenes, aún fenecido el victimario, la mala bestia, no aplica ni encaja aquello de… ¡Muerto el perro se acabó la rabia!
Editorial Para Protegeatushijos.org
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