Sacerdotes Pederastas desde 1701. Historias de sobrevivientes.
Monday, July 5, 2010 at 10:16PM Los malos hábitos. En Abusos sexuales, el periodista Jorge Llistosella investiga en profundidad la pederastia y otros delitos cometidos por sacerdotes, algunos de los temas que más han afectado la credibilidad de la Iglesia Católica en todo el mundo, incluyendo nuestro país, y que obligó al Vaticano a modificar la tradicional política de ocultar las denuncias contra miembros del clero y a permitir la investigación judicial ante denuncias de ese tipo.
Infortunadamente para el narcisismo del sacerdote Julio César Grassi, los escándalos sexuales en Argentina comenzaron antes de que él llegara a este mundo.
En 1701 un jesuita, José Mazó, escribió en latín al Consejo de Indias, alborotado por las entretenidas andanzas del obispo Manuel Juan Mercadillo, a cargo de una diócesis que incluía Córdoba y las provincias del Noroeste. “La tinta se pondrá colorada de vergüenza”, supuso Mazó al narrar que Mercadillo había tenido una hija con su criada mulata y varios con una viuda, además de entrar a saco en las rentas eclesiales; por ejemplo, como entonces era posible pagar el diezmo en especie, y haciendo honor a su apellido, Mercadillo lo convertía en efectivo en una tienda pública.
Ingresemos en el siglo XX. Pero seamos precisos: estamos a mediados de 1910 en la calle Bartolomé Mitre, entre Paraná y Montevideo. Pleno Centro de Buenos Aires.
Pasa por allí una señora, y cuando se cruza con el sacerdote Gerardo Farsetti, éste empieza a toquetearla mientras le comenta, para que entienda el ir y venir de sus manos, cuánto lo excitan algunas de sus redondeces. La señora, que no es tímida, grita y convoca así a un policía cercano. Llega el agente. El cura sale disparado rumbo a la iglesia Nuestra Señora de la Piedad, buscando refugio en su claustro. Sin embargo, el policía es más veloz, lo atrapa antes de que llegue al atrio y lo lleva hasta la comisaría, donde Farsetti es obligado a pagar una multa de 50 pesos.
El diario Tribuna publica un artículo sobre el caso, escrito por su director, Darío Beccar, quien califica al mano larga como “cura sicalíptico (pornográfico)”, adjetivo que ofende al religioso: acusa criminalmente al periodista y, de paso, también a la dama abusada. El juez González Roura absolvió a la señora y condenó al comentarista a un año de prisión, fallo que la revista Caras y Caretas consideró “un epílogo curioso”.
Si todavía nos acercamos más al presente, el sábado 22 de abril de 1950 aparece el cadáver de una mujer flotando en el Río de la Plata. El cuerpo tiene muestras de que alguien intentó evitar su identificación: le han rapado la cabeza, destrozaron su dentadura, las huellas digitales fueron eliminadas presuntamente con ácido, carece de ropas. Para la época, un enigma.
Pero una mañana suena el teléfono en la redacción del vespertino La Razón. Atiende el madrileño Jacinto Toryho, periodista y escritor refugiado del franquismo en Buenos Aires tras dirigir en España el periódico anarquista Solidaridad obrera entre 1937 y 1939. “El asesino de la mujer que encontraron en el río es un capitán del Ejército que vive en Don Torcuato”, dice una voz femenina. Toryho alcanza a tomar una lapicera con la que anota la dirección que esa voz le dicta antes de cortar.
El periodista comenta el hecho con su jefe, y parte hacia Don Torcuato. Llega a esa ciudad del Gran Buenos Aires. Toryho está frente a una casa con techo de chapa. Toca el timbre. Nada. Golpea la puerta. Nada.
Una vecina que se asoma le responde que allí vivían hasta hace poco “Domingo Massolo, un hombre de unos 40 años, con la esposa y tres hijos”. La vecina cree que Massolo es veterinario en el Ejército. El periodista pregunta quién podrá saber algo más sobre esa familia. Sí, allá, a tres cuadras, vive la señora que ayuda en los quehaceres domésticos a la esposa de Massolo.
“Ayer a la mañana fui a trabajar, y en la puerta encontré una nota. Decía que ya no me iban a necesitar. Como yo tenía llave, y en la casa había quedado ropa mía, entré para buscarla. Mire, señor, lo que vi era una mancha grande de sangre en la alfombra, y otra en un espejo. Me asusté mucho, así que cerré con llave y me fui. Le juro señor que eso fue lo que pasó.”
De regreso, ya convencido de que aquel llamado telefónico había sido certero, Toryho fue hasta una dependencia del Ejército y, con excusas banales, pidió la dirección de Massolo. Le dieron una, en la Capital, “donde vive con un hermano”.
El periodista y unos amigos suyos comenzaron a hacer una vigilancia diaria, pero Massolo no aparecía. Hasta que se presentó ante el jefe de la Policía Federal, general Arturo Bertollo, y confesó su crimen. Toryho iba escribiendo diariamente su exclusiva historia. Un éxito.
La Razón se vendía como pan caliente, y aumentó su tirada diaria en 40 mil ejemplares. Hasta que de arriba llegó una orden, y el obediente responsable del diario, Félix Laíño, comenzó a eliminar detalles, diluyendo el hecho.
Fue entonces cuando otro diario, La Prensa, publicó una nota donde se corregía: “Domingo Massolo no es un veterinario, como hemos dicho en ediciones anteriores. El es un capellán del Ejército”. En realidad, el sacerdote católico Domingo Massolo, quien llevaba una doble vida, en una de ellas había ascendido hasta ser el segundo del vicario castrense. (…) En primera instancia, Domingo Massolo fue condenado a reclusión perpetua, por homicidio con alevosía. Luego el delito se recaratuló a homicidio simple, con una condena a 24 años y seis meses de prisión, que cumplió en los penales de Olmos y Sierra Chica. (...)
El arzobispo Fasolino, quien designó como secretario general a Domingo Massolo –cura concubino, padre de tres hijos, asesino en cierne–, años después mostraría similar favoritismo por el futuro arzobispo Edgardo Gabriel Storni, denunciado como pederasta por tres seminaristas y dos sacerdotes, finalmente condenado a prisión en 2009. Al obispo Mercadillo y a los curas Farsetti y Massolo les gustaban las mujeres. Esta característica apenas provocó un leve malestar en la Iglesia argentina. Ya llegarían tiempos peores.











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