Abusaron de mí, aunque no lo recuerde
Wednesday, March 31, 2010 at 03:50PM Muchas víctimas de agresiones sexuales borran de su mente lo ocurrido en su infancia para poder sobrevivir; otros bloquean sus emociones - Cuando despierta la memoria, se requiere ayuda
El día que la Guardia Civil llegó y le enseñó las imágenes comenzó a sentirse enfermo. Todo estaba allí. Los fotogramas lo mostraban claramente. Los tocamientos. Los abusos. Todo lo que su mente había logrado arrinconar. Mario (nombre ficticio) no pudo continuar con su declaración policial. Los vídeos que la Guardia Civil investigaba, y que atestiguaban los abusos a los que el religioso José Ángel Arregui Eraña -condenado el jueves en Chile- le había infligido, eran demasiado explícitos.
Ver esas imágenes fue para él, como para muchas de las víctimas que hace años sufrieron las prácticas del que era su profesor, un flash-back.
Algunos habían olvidado los hechos. O pensaban que ocurrieron sólo una vez. Otros ni siquiera fueron conscientes de que habían sufrido abusos hasta que los vieron en la pantalla, años después.
Es un comportamiento común, según los expertos, entre las víctimas de este tipo de agresiones en la infancia.
"Olvidar no es ni bueno ni malo. Cada persona sobrelleva sus situaciones como puede. Eso hace que cada uno, consciente o inconscientemente, escoja la forma de sentirse más protegido. Y esa fórmula pasa muchas veces por olvidar", explica Pilar Polo, psicóloga de la Fundación Vicky Bernadet, una institución que atiende desde hace más de 10 años a víctimas de abuso sexual.
El cerebro humano es sabio. Y busca mecanismos para enterrar lo que duele. Lo que hace sufrir. Eso que puede impedir llevar una vida normal. "Si lo vivido es doloroso la memoria puede suprimirlo", aclara Polo.
Tanto, que ese mecanismo de defensa puede provocar que los recuerdos de un abuso sexual infantil duerman durante años. Queden tapados hasta que una situación, un comentario o incluso una película los despierten. "Para algunas personas ese bloqueo en la memoria es tan grande que pueden llegar a no tener ningún recuerdo de su infancia", explica Polo.
Un día, Rebeca -que no quiere dar su apellido porque sólo una parte muy pequeña de su familia sabe lo que sucedió- volvió a encontrarse con su agresor. No lo veía desde que era niña. Desde que ocurrió todo. "Encontrarme con él fue horrible. Pero no fue tanto verle como escucharle. Ese tono de voz, esas palabras empalagosas de cariño... Empecé a tener recuerdos de escenas sueltas. A revivir lo que había pasado", relata.
Esa voz que despertó en ella aquello que había mantenido dormido le hizo pedir ayuda. Acudir a tratamiento para tratar de atajar las secuelas que el abuso sexual le habían provocado.
"Las víctimas de abusos sexuales que no han recibido ayuda pueden padecer problemas de relaciones sociales, de sexualidad, dificultades de entregarse sanamente a la pareja, baja autoestima...
""El abuso sexual no es sólo penetración", dice. De hecho, el National Center on Child Abuse and Neglect de Estados Unidos considera abuso sexual "todo contacto o interacción entre un menor y un adulto cuando éste utiliza al niño para estimularse sexualmente a sí mismo, al propio niño o a otras personas".
El abusador, como en el caso de Rebeca, de Vicky y de tantos otros, suele ser, además, alguien cercano al niño. Una persona de su familia -un tío, el hermano, el padre- o de su entorno -vecinos, amigos de los padres, profesores, monitores-.
En unas polémicas declaraciones, el obispo de Tenerife hacía ayer referencia a esta realidad para defender a la Iglesia tras los últimos escándalos de abusos de sacerdotes.
En declaraciones a la SER, dijo que estadísticamente la mayor parte de abusos y malos tratos a niños se dan en las familias.
Los expertos apuntan a que el agresor suele ser una figura de referencia para el menor. Alguien en quien este confía, lo que hace mucho más difícil que el niño hable. O simplemente que piense que lo que le está ocurriendo no es normal.
Y esa es otra de las fórmulas de olvido. Casi nadie recuerda las situaciones que considera comunes, ordinarias. Las cosas normales quedan tan diluidas que si intentáramos acordarnos de todas las revisiones médicas a las que nos hemos sometido no podríamos. Tampoco de los taxis que hemos cogido. "Sólo se recuerdan las cosas que destacan. Que nos llaman la atención por algo", apunta Clara González, psicóloga experta en abusos sexuales.
Y ese es uno de los argumentos que muchos adultos que abusan de niños emplean. "Manipulan a los niños y muchas veces a su entorno para hacerles creer que todo lo que está ocurriendo es normal. Esto es lo que ocurrió probablemente con José Ángel Arregui. Hizo pensar a sus víctimas que las cosas que hacía eran normales", sostiene Polo.
Y esa es otra de las fórmulas de olvido. Casi nadie recuerda las situaciones que considera comunes, ordinarias. Las cosas normales quedan tan diluidas que si intentáramos acordarnos de todas las revisiones médicas a las que nos hemos sometido no podríamos.
"Para un niño una cosa es mala cuando es violenta, y el abuso sexual infantil muy pocas veces tiene violencia física. Muchas veces los niños no saben dónde está el límite, y menos con una persona a la que respetan, en la que confían", sostiene. Y ahí está otra de las claves: los abusadores hacen creer a sus víctimas que son especiales para ellos.
"La autodefensa para muchas víctimas es ir tapando lo que les ha sucedido, lo que les está pasando", explica Tina Alarcón, directora del Centro de Asistencia a Víctimas de Agresiones Sexuales (CAVAS).
"Esto no ocurre en las agresiones sexuales pero sí en los abusos.
Si además el niño es muy pequeño y el abuso no ha sido doloroso se puede llegar a olvidar. Y si lo ha sido se puede llegar a crear una costra de olvido para tapar el sufrimiento", asegura Alarcón.
"También se puede llegar a negar internamente lo que pasó. O hacerse creer a uno mismo que lo que sucedió no fue grave. O que no afecta, que ya se tiene superado", añade.Mireia Apesteguía, trabajadora social de la Fundación Vicky Bernadet, explica que las noticias sobre abusos sexuales, las apariciones en televisión hablando del tema o el descubrimiento de escándalos como el que está aflorando ahora en el seno de la Iglesia católica hace que mucha gente se decida a pedir ayuda.
Algo fundamental para poder superar el abuso infantil. "A veces algo provoca que el cerebro haga clic y empiece a recordar todo lo que estaba dormido. Algunos han rememorado así los abusos que sufrieron. Otros simplemente siempre los tuvieron presentes, pero los han asumido, han llegado a la conclusión de que necesitan ayuda y deciden dar el paso", explica.
El olvido, pero también el bloqueo de sentimientos hacia lo sucedido, ocurren, según la directora de CAVAS, fundamentalmente cuando se guarda silencio sobre el tema.
"Cuando el niño no contó lo que estaba ocurriendo. En los casos en los que se guarda silencio es muy difícil restaurar después el equilibrio de la persona", dice.
"Hay que observar, sin llegar a caer en la sobreprotección, el comportamiento de los niños. Estos muchas veces nos dicen, sin hablar, lo que les pasa", "También hay que cuidar mucho cómo reaccionar si el niño -o luego, más tarde, el adulto- nos confía que está siendo víctima de abusos". Es la única manera de que estas víctimas no entren en la cárcel del silencio. Una prisión que, muchos, tardan años en abandonar. Otros no la dejarán nunca












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